Participación de Ribes Escudero en nota sobre Ojo Seco Revista La Nación

Se trata de una condición que altera la calidad de vida de uno de cada tres argentinos. Si bien se cree que es cuestión de la cantidad de las lágrimas, el 80% de los casos se debe a una modificación en la calidad de las mismas. Avances en el tratamiento.

Marián Flores, una joven abogada que trabaja en un estudio porteño, peregrinó por consultorios de oculistas durante casi un año. Había empezado a sufrir sequedad e irritación en los ojos, pero las lágrimas artificiales que le indicaban eran inútiles. “Era parpadear y ponerme gotitas todo el tiempo. Una molestia permanente. Y además me aparecían orzuelos”, cuenta. El hecho de usar lentes de contacto y las largas horas frente a la computadora empeoraban la situación.

Pero, una tarde, el último de los oftalmólogos que consultó le arrancó una pestaña y la colocó bajo la lente del microscopio. “Casi me muero -recuerda Flores entre risas-. ¡Había una cosa asquerosa gigante!”. Era un Demodex adulto: un diminuto ácaro, parásito de ocho patas cuya participación en el ojo seco y algunas de las patologías oculares más comunes empieza a ser revalorizada. Y replantea la lógica de los tratamientos que hoy más se recetan.

En un flamante estudio publicado en la Revista Argentina de Microbiología, bioquímicos cordobeses examinaron al microscopio cinco pestañas de cada uno de 72 pacientes de nueve a 82 años que concurrieron por distintas causas al servicio de oftalmología de un hospital universitario. Constataron la presencia de huevos, larvas, ninfas o adultos de Demodex en el 53% de los casos. Y, de ese total, dos tercios presentaban síntomas oculares, en especial, ojo seco y una inflamación de los párpados relacionada (blefaritis).

“Aún se desconoce si la población de ácaros es la responsable de producir esta patología per se o si la enfermedad es una consecuencia de variaciones en la fisiología ocular que generan un ambiente propicio para la propagación del parásito”, escribieron, con habitual cautela científica, Florencia Mongi, Laura Laconte y Rodolfo Casero, del Laboratorio de Parasitología del Hospital Nacional de Clínicas, que depende de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Pero en diálogo con LA NACION, Mongi sugirió que los oftalmólogos deberían prestarle más atención en la consulta. “Muchas de las enfermedades olvidadas y emergentes corresponden a parasitosis y seguramenteDemodex no escapa a esta situación”, lamentó.

Teresa Vera, lo padeció 10 años
Teresa Vera, lo padeció 10 años

En el caso de Flores, el tratamiento incluyó una especie de peeling del borde de los párpados y una higiene específica de las pestañas. “Fue un antes y un después”, suspira aliviada.

Flora de la piel

Demodex forma parte de la flora normal de la piel: coloniza preferentemente los folículos pilosos de pestañas y las glándulas sebáceas de cabeza y cara, incluyendo la región interna de los párpados. “No se sabe mucho de estos ácaros”, dice Casero. Se ignoran los factores que favorecen su multiplicación, pero podrían influir las pieles grasas, los hábitos de higiene, el estado inmunológico, la edad (es más común después de los 60), el sexo y hasta los cambios estacionales.

Como los Demodex adultos miden entre 0,2 y 0,4 milímetros, no son visibles a simple vista. Por desgracia, falta información y todavía no está incorporado el microscopio en la mayoría de los consultorios oftalmológicos, lamenta Carola Maffrand, docente de la cátedra de Oftalmología de la Facultad de Medicina de la UNC.

“La presencia del parásito está subestimada como causa de blefaritis, ojo seco, prurito e irritación ocular”, dice Maffrand. En enero de 2017, en un estudio del que también participó su padre, Roque, fallecido hace algunos meses, Maffrand publicó en la Revista de Salud Pública de la UNC un análisis de casi 50.000 pacientes que consultaron durante 2012. El 15% tenía Demodex y blefaritis, y, de ese total, el 100% también declaraba picazón y el 60%, sensación de ojo seco.

Martín Berra, jefe de trasplantes del Hospital Oftalmológico Lagleyze y miembro de la Sociedad Argentina de Superficie Ocular (SASO), afirma que el nuevo estudio cordobés es “importantísimo” porque aporta estadísticas sobre la situación. “El ojo seco afecta hasta a un 60% de la población. Pero -aclara- todavía no está dilucidado si Demodex es causal o prolifera porque se alimenta del sebo” que se acumula en el borde del párpado.

Rogello Ribes,
Rogello Ribes, Fuente: LA NACION

En el ojo seco suele influir más la calidad que la cantidad de las lágrimas. En particular, falla la secreción del aceite que previene la ruptura precoz de la película lagrimal, lo que seca la mucosa ocular, la lastima y produce una sensación de arenilla. La exposición a las pantallas y, en el verano, al aire acondicionado y al viento en la playa empeora el cuadro, explica Berra.

Para Rogelio Ribes Escudero, oftalmólogo del Hospital Alemán, sus colegas deberían buscar con más frecuencia Demodex en las pestañas, porque puede avivar el “círculo vicioso” del ojo seco. En los casos indicados, propone tratamientos acaricidas complementarios. También, la higiene diaria de las pestañas, “como quien se lava los dientes”, dice el especialista en córnea y superficie ocular. Otras terapias posibles incluyen los antiparasitarios orales y pomadas con óxido amarillo de mercurio, añade Maffrand, para quien a menudo los lubricantes, corticoides y antibióticos solo brindan un alivio temporario.

Cada paciente requiere un diagnóstico y un plan de acción precisos. Teresa Vera, una contadora y asesora de modas de Palermo, vivió el tormento del ojo seco durante más de 10 años. “Llegué a usar un frasco de gotas por día. La calidad de vida era horrible. Parpadeaba todo el tiempo. Me deprimí. Adelgacé 7 kilos”. Pero cuando un oftalmólogo dio con el tratamiento adecuado fue como volver a vivir. Agradecida, se hizo su primer tatuaje: un ojo rodeado por las manos del médico.

Villanos invisibles

Teresa Vera, lo padeció 10 años

Afirma que llegó a usar un frasco de gotas artificiales por día. Un oftalmólogo dio con el tratamiento adecuado y se tatuó un ojo en agradecimiento.

Rogello Ribes, con microscopio

Con un tamaño de entre 0,2 y 04 milímetros en la adultez, estos parásitos no se ven a simple vista. Es necesario contar con un microscopio en el consultorio.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/sin-titulo-nid2210583